Poco a poco dejo de prestarme atención ya no le emocionaba escribirme y cuando lo hacia metía el papel a puños histérica gritando, aveces me ahogaba con ella porque me sentía como ella la entendía y quería mimarla hasta que se tranquilizara pero no huía a su cama a descansar con esa mujer de brazos negros y pupilas muy blancas mirandome fijamente mientras la mecía y tapaba con la piel del leopardo, ya no me sentía hermosa ni especial era una cosa una mujer sin valor llorando sobre el tocador.
No paso mucho tiempo que falleciera mi dueña un día se levanto por la tarde después de una larga siesta de pastillas y varias discusiones, que fue con la mujer del agua para que se la llevara. Ahí me quede con mi final feliz viendo a todas esas mujeres asustadas en el cuarto oscuro el aire que se respiraba sabía a libertad y un poco de nostalgia, todas éramos obras de arte piezas únicas invaluables muertas de miedo por salir al sol por no tener quien nos mantuviera bellas, yo tenía miedo que nadie me escribiera palabras en la boca para guardar los secretos mas profundos de algún sabio, ya que nadie escribía y yo solo sabia leer, además nadie estaba interesada en expresar otra cosa fuera de su apariencia, los cuadros se pintaban a si mismos egoístas y mudos, el tocador blanco mantenía sus piernas firmes y privadas, la cama negra dormía todo el día de tristeza, las cortinas y manteles solo hablaban de masajes anti-arrugas y baños con agua fría para la buena circulación del algodón al final todas me aburrieron con su rutina y antes de que cayera mas polvo en la habitación me fui a buscar la mujer del agua o a las llaves lo que encontrara primero....
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