viernes, 17 de diciembre de 2010

hipocondriaca

a mi derecha un hombre que viene de trabajar de la cervecera a mi izquierda una mujer cargando bolsas con un corte de soldado. Si fuera un botón en vez de miembro nunca hubiera perdido su feminidad y este hombre nunca estaría cansado. Lucho por leer un poco pero la luz de la calle se corta rápido. Estoy en casa mareada en color verde insisto en pintar con futuro y prometer vivencias, no veo nada con esta neblina he dejado la estufa prendida hay humo de tortilla por toda la casa, por todo el edificio por toda la cuadra no muero de pena, muero de tristeza pero los vecinos nunca notan eso por que no les importa.
Hay un millón de gente cantando en un lugar, otro millón se amontona para verlos el resto esta en casa siendo demasiado obeso y tenso para asistir al evento alguien como yo con la tele en el pasillo tirada en el suelo (su frialdad me quita el dolor de cabeza) los miro los escucho y los padezco lloro por ellos que nunca lloran por mi, ni por nadie que no se haya muerto.
Tarde o temprano a la leyenda se le notan las venas y se le acaban las paginas hay un pájaro que me regala sus plumas a la mitad del camino hay unos hombres armados que me usaban de tapete, hace tiempo salí de ese lugar de esa calla llena de humos ciegos, polvos terrosos y pieles pálidas con el estomago abierto y el corazón perforado salí por mi propio pie, y sudaba mi propia sal, aún no puedo tener mis propios sueños pues siguen aquí hablándome, estampándose contra el vidrio quieren volver a su hogar dulce hogar mi almohada.

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