Hay un millón de gente cantando en un lugar, otro millón se amontona para verlos el resto esta en casa siendo demasiado obeso y tenso para asistir al evento alguien como yo con la tele en el pasillo tirada en el suelo (su frialdad me quita el dolor de cabeza) los miro los escucho y los padezco lloro por ellos que nunca lloran por mi, ni por nadie que no se haya muerto.
Tarde o temprano a la leyenda se le notan las venas y se le acaban las paginas hay un pájaro que me regala sus plumas a la mitad del camino hay unos hombres armados que me usaban de tapete, hace tiempo salí de ese lugar de esa calla llena de humos ciegos, polvos terrosos y pieles pálidas con el estomago abierto y el corazón perforado salí por mi propio pie, y sudaba mi propia sal, aún no puedo tener mis propios sueños pues siguen aquí hablándome, estampándose contra el vidrio quieren volver a su hogar dulce hogar mi almohada.
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